El presidente Javier Milei mantuvo una reunión bilateral con su par de la República Francesa, Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo.Presidencia
Javier Milei celebra un sinfín de éxitos, pero ahora pide “paciencia”. A su habitual discurso rico en promesas, autoelogios y agravios le sumó altas dosis de un dramatismo imaginario. Denuncia que sufrió “siete intentos de golpes de Estado”, “actos de terrorismo en la calle” y una oleada de miles de extranjeros que quisieron entrar al país “para dinamitar el modelo argentino”. El viernes, en París, hasta se permitió llorar por los seres queridos que padecen por apoyarlo. Entre gritos y lágrimas construye una épica del asedio, pero no logra acallar un eco de resignación.
El presente no es lo que imaginó. Después del triunfo electoral de 2025, Milei se propuso en lo inmediato terminar con la inflación, acelerar el crecimiento económico y desplegar un paquete de reformas que hicieran irreversible el giro liberal y aperturista. Iba a ser, como decía en privado, “el fin de la Argentina peronista”. Algo salió mal.
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Un combo de actividad estancada, precios que no terminan de estabilizarse y merma del empleo formal empujó la “era dorada” que anuncia el credo libertario a un horizonte lejano, condicionada a la reelección en 2027. El Gobierno desistió de formar un oficialismo operativo y depende de un juego constante de transacciones con aliados intermitentes. Y el peronismo, que viene de la lona, empieza a mover una maquinaria oxidada que pese a todo subsiste como el principal canal del descontento social.

