Nada podría ser como parece. Un alto funcionario del Gobierno aseguraba ayer que el alboroto de Javier Milei en Brasil, durante el furioso fin de semana último, fue una sobreactuación del presidente argentino por una sugerencia de Donald Trump para que ayude a la familia Bolsonaro en el país vecino y perjudique al actual mandatario brasileño Lula da Silva. Lula buscará la reelección frente a Flávio Bolsonaro el próximo 4 de octubre; este Bolsonaro es hijo del expresidente de ese país, Jair Bolsonaro, condenado por el Tribunal Supremo de Justicia a 27 años de cárcel por el delito de liderar una organización criminal que intentó un golpe de Estado en 2023 para impedir que Lula asumiera la presidencia. Pero ningún funcionario del Gobierno dice saber si Trump le pidió tanto a Milei o si este decidió por su cuenta llegar hasta donde ningún otro presidente argentino había llegado en sus controversias internacionales.
En ese mismo fin de semana, Milei vio desde un stand de la Exposición Rural a José Ignacio de Mendiguren y le gritó, desaforado, “ladrón”. De Mendiguren fue un mal ministro de Duhalde y, más tarde, se camufló como presidente de la Unión Industrial cuando ya tenía el corazón cooptado por el peronismo massista. Con todo, un presidente de la Nación que se precie no puede imitar los modos del escrache que inauguraron aquí Quebracho y La Cámpora.
Javier Milei y Lula da SilvaAlfredo Sábat

